viernes, enero 06, 2006

La llave de cristal




Entre puros moteados de verde, réplicas agudamente cínicas, personajes moralmente ambiguos y crímenes significativamente sombríos se desarolla la que es quizás una de las mejores novelas negras jamás escritas, La llave de cristal, del maestro Dashiell Hamett.
Todo se desarrolla en un pueblo estadounidense que podría ser cualquiera (ninguna línea hay dedicada a su nombre) controlado por dos bandas de gangsters rivales, cada una de ellas apoyando a un candidato a senador. Nuestro protagonista es Ned Beaumont, un hombre de borroso pasado, leal amigo de Paul Madvig, el muñidor que apoya la candidatura de el Senador Henry, todo por poder conseguir la mano de su hija, Janet, de la cual se encuentra perdidamente enamorado.
El clima en la ciudad comienza a oscurecerse cuando Taylor Henry, hijo del senador apoyado por Madvig es asesinado, y todo acaba apuntando hacia la autoría del poderoso muñidor. A partir de ahí, Ned Beaumont investigará el crimen valiéndose de coacciones, mamporros, engaños, fingimientos y ante todo mucha astucia, confiando ciega (pero nunca ingenuamente) en la inocencia de su amigo.
La novela basa su desarrollo en los encuentros entre los diferentes personajes, en sus diálogos y reacciones, y de vez en cuando, en dosis de violencia y acciones despiadadas y éticamente más que discutibles narradas con el frío, escueto, directo y firme estilo de Hammett. Por momentos, uno olvida la trama policíaca, que no es más que un simple McGuffin, y centra su total atención en las personalidades y relaciones entre los distintos individuos que componen esta obra maestra.
El recorrido argumental le sirve al autor como excusa para hacer un retrato sombrío y altamente crítico de la vida política norteamericana, de las miserias del poder y su capacidad de corromper y autocorromperse, de la corrupción que recorre vertebralmente todos los recovecos de una sociedad pútridamente jerarquizada, controlada por fuerzas violentas al servicio de seres amorales y maquiavélicos. Verdaderamente, el fresco social que Hamett urde a lo largo de la novela no puede resultar mejor, gracias a personajes como el fiscal Farr, Shad O´Rory y su panda de matones vulgares o el propio senador Henry, un aristócrata despiadado, egoísta y materialista cuyo único interés es el triunfo en las reelecciones.
Más allá de esto, está el típico protagonista de Hammett. Ned Beaumont es un perdedor, bebedor y fumador habitual, un hombre asqueado de la sociedad en la que vive, intelectualmente superior a todos los miembros de esta. Sabe quién es quién, y sobre todo (quizás para su desgracia) quién es él (de ahí su cinismo), que no puede escapar de esa sociedad corrupta y corruptora, cuyo difuso y misterioso pasado yo interpreto como su deseo de perpetua huída de ese mundo hipócrita y doloroso, lo cual queda aclarado quizás en las últimas páginas del libro. A pesar de todo esto, dentro de la podredumbre en que se mueve, él conserva los valores de la lealtad y la bondad.
La otra cara de la moneda es Janet, hija del senador Henry y hermana de Taylor, que a lo largo de la novela se desengaña del mundo aparentemente perfecto y aristócrata en el que vive, dándosele a ver, finalmente, la verdadera sordidez que se oculta tras la engañosa superficie. Al principio, toma a Mavdig (su pretendiente) como enemigo y en él, como persona externa y ajena a su vida, centra la ira por la muerte de su hermano y la corrupción de su familia. Sólo que esto no es más que otro autoengaño que el desenlace de los acontecimientos derrumbará inevitablemente.
El título de la novela se presenta bastante misterioso, y su secreto es revelado en las últimas páginas del libro. Todo esto tiene que ver con un sueño alegórico de Janet en el que la llave de cristal se presenta, a mi parecer, como esa posibilidad de huída, como esa flor de esperanza, que abre puertas en cuyo interior están tanto la salvación como el horror, la tristeza, pero al hacerlo se parte dada su fragilidad, e imposibilita el encerrar en su interior o emboscar las dolencias, decepciones, miedos, pérdidas que salen irrevocablemente de ella en forma de serpientes.
La alegoría proporciona un halo poético al sentimiento de sus protagonistas, asu condena a la perpetua huída, su esperanzada pero prometidamente fracasada búsqueda de un mundo exento de los horrores de la vida, asegurando que toda alegría será pasajera, que la llave de cristal se romperá en la cerradura y no podrá evitar que las sediciosas víboras conviertan sus sonrisas en muecas de angustia y decepción.
En resumen: un libro magníficamente narrado, que engancha desde la primera página, con una trama policíaca tan simple como efectiva, diálogos admirablemente escritos, frases contundentes y el dibujo de una sociedad corrupta (Cuánto sabía Hammett de la disimulada trastienda del capitalismo norteamericano) y de quienes se ven atrapados dentro de esta y a la vez intentan marchar en una casi incosciente búsqueda de un mundo más alentador, pero de imposible existencia. Magistral.

1 comentario:

Horrorscope dijo...

Me ha combencido, procuraré hacerme con él lo antes posible.